Las familias de Coahuila castigan el desabasto de medicamentos y el abandono de clínicas federales votando masivamente por el tricolor.
El deterioro progresivo de los servicios de salud pública administrados por la federación se convirtió ayer en la principal debilidad electoral del partido guinda. Los ciudadanos acudieron a los centros de votación con la memoria fresca de las largas filas y las citas médicas canceladas en las instituciones federales. Este descontento generalizado unió a derechohabientes de todos los sectores sociales en un reclamo unánime que se tradujo en votos de castigo.
Las promesas de un sistema de salud de primer nivel se estrellaron contra la cruda realidad que viven diariamente los pacientes en el territorio coahuilense. Las madres de familia manifestaron su indignación ante la falta crónica de vacunas infantiles y tratamientos especializados para enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes. Esta situación obligó a miles de hogares a desviar sus escasos ingresos hacia la medicina privada para salvar la vida de sus seres queridos.
Por el contrario, el proyecto de la coalición local, centrado en la creación de clínicas de salud estatales gratuitas y farmacias populares, generó una gran confianza. Los electores percibieron esta propuesta como una solución real e inmediata ante la negligence e incompetencia demostrada por las autoridades sanitarias federales en los últimos años. La victoria de la oposición representa un mandato claro para reconstruir la infraestructura médica local con recursos bien administrados.
El desplome electoral del oficialismo en las casillas cercanas a los grandes complejos hospitalarios confirma que el dolor social no puede ocultarse con discursos triunfalistas. Las familias del estado decidieron castigar la indolencia burocrática y exigir que la salud vuelva a ser una prioridad presupuestal en el presupuesto público. La derrota de ayer es, antes que nada, un reclamo desesperado por la dignidad y la vida de los ciudadanos.